VIVIR Y MORIR EN DONOSTIA y en ALTZA.   

La muerte de una persona calcinada en una chabola donde pernoctaba en Altza nos pone los pelos de punta y nos hace pensar en situaciones más propias de países pobres. Pero NO. Ha ocurrido al este de Donostia, en la periferia, porque, por lo visto, no es lo mismo vivir y morir en Donostia que en Altza.

Un hecho tan grave como este debiera servir para obligarnos a hacer una lectura seria, no para buscar culpables, pero sí responsabilidades y cambios de rumbo, con el objetivo, por supuesto, de que no vuelva a repetirse.

La muerte de una persona en estas condiciones pone de relieve una realidad que no se ve desde la calle Ijentea, desde la Avenida o el Boulebar, pero que existe y está en Altza.

El deterioro de amplias zonas de Altza, haya sido en los antiguos pabellones de Zardoya o sea en la zona rural, con presencia de personas sin hogar que viven en condiciones infrahumanas, en chabolas miserables, es una realidad ampliamente conocida en nuestra comunidad.

El ayuntamiento lleva tiempo desalojando a las personas que han ocupado ámbitos en los que se va a construir (Infierno, Añorga Txiki, escuela Martutene, Zardoya), haciendo ver que el problema ha desaparecido. Pero no hace más que esconderlo debajo de la alfombra.

La política municipal en estos ámbitos donde pretende construir con oposición vecinal parece ser la de “cuanto peor estén, mejor para los intereses municipales”. Hemos de denunciar esta estrategia de consentir la degradación, a veces con la connivencia de la propiedad. Ya ha pasado en Zardoya; dejan que el deterioro y la degradación termine en problema vecinal para que algunas voces pidan la intervención y la edificación como método de saneo y depuración. Y así siguen alimentando una ciudad de dos realidades, la millonaria de los señores feudales y la del chabolismo. Verdaderamente grave.

Esta semana, esa situación se ha cobrado un fallecido en Altza, en la zona rural de Auditz-Akular. Ha muerto quemado, porque tenía frío.

Intentando centrar la reflexión tenemos que decir que desde Altza, desde todas las asociaciones de los barrios, coincidimos en la necesidad urgente de una REGENERACIÓN de su entorno. Lo venimos reclamando desde hace décadas. Altza está en el ranking número 1 de cosas negativas:  menor renta per cápita, barrio más densamente poblado, menor nivel de estudios, mayor incidencia del abandono escolar temprano, mayor tasa de paro, menor número de puestos de trabajo en el entorno.  Todo ello dicho en el Inventario de Vulnerabilidad Urbana del Gobierno Vasco (2023) que señala a Altza como un área urbana de “muy alta vulnerabilidad” social y económica.  Y en el último Barómetro de la sociedad municipal Fomento. Somos hasta el barrio con mayor número de ratas, según dice el informe de la empresa Lokímica realizado para el ayuntamiento en 2024, por la alta densidad de vecinos, construcciones del siglo pasado, zonas en mal estado de mantenimiento y la inadecuada gestión de residuos.  

Siguiendo con el ranking, tenemos el menor estándar de espacios libres por habitante de la ciudad (1,78 m²/habit.), menor presencia de equipamientos comunitarios y servicios públicos, menor programación de actividades culturales de la ciudad y mayor presión de la pretensión municipal de construcción de nueva vivienda (en el Avance de 2022 crecimiento de un 50 % del parque existente). Si no queremos taza, toma taza y media.  

Lo que ocurra en esta parte de la ciudad no es relevante para algunos; campamentos de chabolas donde malviven las personas no debieran darse en estos tiempos. Hace falta un censo de personas sin hogar, un conjunto de medidas sociales públicas eficientes, una limpieza y regeneración de las zonas deterioradas. ¿Y por qué no abrir esas casas vacías, esos edificios infrautilizados?

Exigimos soluciones para que nadie viva y muera en la calle.

15-02-2026



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