En esta ciudad nos estamos habituando a que la política municipal se haga desde el periódico. Casi diariamente el alcalde da noticia de una decisión aparentemente inocua, vestida de gestión corriente, cuando a menudo esconde y oculta que es el fruto de una determinada política seaurbanística o social.
Vuelve a ser el caso esta semana en la que el señor Insausti viene a vestir de oportunidad y eficacia el derribo de la antigua Escuela de la Construcción de Altza. Dice en prensa que «sederribará pronto para evitar problemas de convivencia» y que «responde al compromiso deregeneración del barrio».
Y desde Altza asistimos con estupefacción a tamaño despropósito. En primer lugar, porque resulta insostenible que el sistema para que no se ocupe un edificio sea su derribo. Eso solo se atreve a decirlo en Altza. El Instituto de la Construcción tiene 14.000 m2 construidos. Es un patrimonio edificado con todas las infraestructuras necesarias. Señor Insausti ¿no se debiera, cuando menos,
saber qué uso se le quiere dar antes de aceptar el derribo? Y otras preguntas, ¿podemos en esta sociedad permitirnos derribar y destruir edificios en buenas condiciones estructurales sin conocer la alternativa?
La noticia continúa relatando que los edificios son propiedad de Kutxa Fundazioa y que todavía no ha decidido qué hacer en el futuro. Toda la noticia está impregnada de una versión en la que es la propiedad la que decide cuándo; hoy en día por fortuna, es el Ayuntamiento quien autoriza el régimen de uso a través del planeamiento urbanístico, ¿no, señor Insausti? ¿De verdad seguimos
pensando que es el propietario quien decide qué hacer? La segunda cuestión es precisamente esa, ¿en qué están pensando Kutxa y el Ayuntamiento? No erraremos mucho si apuntamos a cientos de viviendas y a un gran pelotazo urbanístico de mano
de la gran piedra filosofal actual: la emergencia habitacional.
Si echamos la vista atrás, los edificios de la Construcción datan del año 1960 y desde sus orígenes han tenido usos educativos. Inicialmente fue Escuela Profesional de la Mujer. En años posteriores fue el Instituto de Formación Profesional Juan XXIII, entre los años 1977 y 1987 fue Facultad de Química, y posteriormente Instituto de la Construcción, que fue cerrado en el año 2016.
No hay que olvidar que en este desmantelamiento progresivo de centros de estudios medios y superiores en el Distrito Este, desaparecieron también la Escuela de Magisterio en Ategorrieta y la Facultad de Arquitectura en el Alto de Miracruz.
Valorado desde la ciudad actual, desde el entorno urbano inhóspito en el que se ha convertido, las decisiones del pasado se revelan altamente perturbadoras. Por motivos de índole sectorial, del Departamento de Educación, se elimina su uso de dotación sin valorar el factor urbanístico de la decisión de mantener o eliminar un equipamiento formativo que incluía en su entorno de vida una opción educativa a miles de adolescentes en una zona en la que se baten récords de fracaso escolar y tiene la menor renta per cápita de la ciudad.
Una falta de visión, insistimos, social y urbanística, que si se vuelve a repetir seráimperdonable. Desde Altza propusimos que los 14.000 metros cuadrados edificados se rehabilitasen con tres destinos compatibles entre sí y complementarios: uso de enseñanza
(rama de formación profesional), apartamentos dotacionales para jóvenes de Altza y, finalmente, vivero de primeras actividades de jóvenes autónomos.
Si Kutxa Fundazioa pretende y el Ayuntamiento consiente una recalificación de equipamiento a uso residencial privado estará colaborando con una nueva vuelta de tuerca en la degradación de Altza, todo lo contrario de lo que el señor Alcalde vende en prensa. Porque ¿qué compromiso supone la destrucción de un patrimonio destinado a equipamiento? Es infantil basarlo en evitar la
ocupación, no se sostiene y resulta hasta ofensivo.
Tengámoslo claro, los problemas de convivencia son el resultado de la dejadez de la propiedad y el abandono por parte del Ayuntamiento, sea en Zardoya, ya sea en cualquier otro edificio.
Hacer ciudad, señor Alcalde, requiere valorar constantemente el diagnóstico de lo que tenemos entre manos, con la participación del vecindario y grupos implicados. En Altza es infradotación, ausencia de oportunidades para estudiar, trabajar, etcétera. Es tener que desplazarse para todo. Y todo eso, en un entorno de más de 20.000 habitantes, se llama discriminación de derechos
ciudadanos.
Con el derribo del antiguo Instituto de la Construcción y el futuro incierto sobre el solar esa situación no hace más que agravarse. Además, la decisión sobre solares tan relevantes y céntricos como este, tomada al margen del proceso de revisión del Plan General, tiene como principal consecuencia que hurta al debate y a la participación ciudadana el futuro de la ciudad.
Si quiere liderar la regeneración de Altza empiece a plantearse el futuro del edificio desde las necesidades sociales y una política urbanística equilibrada, de cohesión, sostenible y con la participación de la ciudadanía altzatarra. De lo contrario, habrá que pensar en que quien dirige la política de la ciudad es más sensible con los problemas y anhelos de la propiedad y de los promotores inmobiliarios que con la ordenación de la ciudad y las necesidades de la población.
Sirva este escrito para solicitar la paralización del derribo del antiguo Instituto de la Construcción de Altza hasta tanto se realice un planteamiento de uso futuro, que perfectamente pudiera estar encaminado a una regeneración al estilo del edificio Luzuriaga en
Pasaia Antxo.
Iniciativa Ciudadana ALTZA XXI Herri Ekimena
Y 14 asociaciones más : Herripe, Gure bidea elkartea, Altzania Elkartea, Plazandreok, Osteguna auzo Elkartea, Bizarrain, Oleta Auzo Elkartea, Buenavista auzo elkartea, A. M. Intxaurrondo Berri E.E., Showtime Dantza Elkartea, LODABE Auzo Elkartea, OSTADAR Emakumeen Elkartea, ELKARTASUNA, Altzako Auzo Elkartea, Altza Historia Mintegia.
3 julio 2026



