Sebastián Jornet, director del equipo de técnicos que ha redactado el Avance de la revisión del Plan General de Donostia de 2023, ha participado en una jornada sobre el futuro urbanístico de la ciudad y ha concedido una entrevista a un medio de comunicación.
De sus declaraciones se obtiene que considera que “no hay que consumir más suelo. Que lo que hay que hacer es intervenir sobre la ciudad existente”.
Repasa la evolución del urbanismo de los últimos 150 años y afirma que “si el siglo XIX fue el de los ensanches y el XX el siglo de la expansión de las ciudades y la zonificación, el siglo XXI ha de ser el de la regeneración y la actuación sobre el suelo ya ocupado”.
Auditz-Akular es un ejemplo de urbanismo de extensión, de colonización de suelos rurales y por ello se muestra contrario a su urbanización y edificación, al igual que en el caso de Antondegi.
Pero va más allá y habla del vigente Plan General de 2010 del que dice que “nació muerto y en la actualidad se halla viejo, desfasado, caduco. Es malo de solemnidad” y responde al urbanismo del exceso, del desarrollismo porque se gestionó a partir de 2004 en plena burbuja inmobiliaria.
Efectivamente, desde nuestro punto de vista gran parte de la culpa de la situación actual de la vivienda en Donostia es del Plan General de 2010 que se equivocó y puso todos los huevos en 3 cestos imposibles. Puso todas las esperanzas de edificar vivienda protegida en ámbitos que luego han resultado inviables como Auditz-Akular, Antondegi y las mil viviendas detrás del hipódromo de Zubieta. Estos dos últimos han sido ahora desclasificados por ser absolutamente contrarios a cualquier política urbanística decente, solo queda desclasificar Auditz-Akular por los mismos y exactos motivos.
Ya en el 2010 el Plan General no respetó los principios del urbanismo establecidos en la legislación urbanística autonómica. Por eso, ahora, no queda sino resolver el entuerto y volver al sentido común. El gran reto del nuevo PGOU no está en clasificaciones de suelo en el monte o reclasificaciones imposibles, sino que consiste en hacer una ordenanza de suelo urbano moderna, valiente y coherente.
Y no se puede esperar porque en Donostia se están reproduciendo las mismas condiciones que cuando la burbuja inmobiliaria de 2008 porque el precio de la vivienda sigue creciendo de una manera ilimitada. Una vivienda, cualquier vivienda, tiene el valor que tienen sus paredes, sus ladrillos, sus instalaciones, sus equipamientos, sus ventanas, suelos, su fachada, es decir, sus elementos constructivos y los que la convierten en una vivienda, y luego tiene el valor el suelo, que puede tener una parte objetiva y otra relativa o subjetiva, según la posición en la ciudad, pero que no puede crecer de manera ilimitada.
Como bien dice Jornet, existen otros instrumentos para dotar a la ciudad de vivienda protegida, entre ellos el recientemente validado por el Tribunal Supremo, para la ciudad de Barcelona, consistente en incluir en el Plan General la obligación del suelo urbano consolidado, es decir, de la ciudad ya construida, de intercalar vivienda protegida en todos los edificios, en los momentos de su rehabilitación o reedificación y demás. Esos son soluciones valientes, que habrá que adoptar durante un futuro muy largo.
Para eso hay que acabar con el mantra de que resolver el problema de la vivienda en Donostia pasa por urbanizar y construir en Auditz-Akular. Y hay que retomar la redacción del Plan General, que es el foro legalmente previsto para el debate sobre el futuro de la ciudad y un instrumento imprescindible para revertir la situación en el futuro.
Iniciativa Ciudadana Altza XXI herri ekimena.

